jueves, 5 de octubre de 2017

8.2. La voluntad humana


La voluntad humana

1. Diferencia entre el querer espiritual y el deseo sensitivo.
         – la vemos claramente en el conflicto entre el deber y el deseo.

2. Hacia una comprensión de la interioridad humana.
Con lo cual podemos enriquecer el cuadro que habíamos visto previamente:


Conocimiento
Tendencia
Espiritual
inteligencia
voluntad
Psíquico
imaginación
sentimientos
Sensitivo
sentidos externos
instinto

…y aún así, habría que introducir algunos matices, pues el hombre es una “unidad múltiple”

3. Análisis del acto voluntario
(los números impares muestran actos de la inteligencia; y los pares, de la voluntad)

1. El punto de partida está en la inteligencia: es la captación de un objeto como bueno.
2. Ésta despierta en la voluntad una complacencia no deliberada, espontánea.
3. Ésta provoca un análisis más atento del objeto, para ver si es posible y bueno.


4. La complacencia se precisa en la intención de conseguir el bien meta o fin.
5. De aquí se deriva la búsqueda de los medios apropiados para obtener el fin.
         – Si hay varios medios posibles, hay una deliberación para ver cuál es mejor.
6. Esto concluye en la elección y aprobación de un medio con exclusión de los otros.
7. Sigue la ordenación de las acciones a realizar (preverlas, combinarlas, ordenarlas).
8. La voluntad pone en movimiento las facultades que deben operar; las aplica a su actividad, ya sea, por ejemplo,
         – la imaginación si se trata de explicar una historia,
         – o la inteligencia si se trata de resolver un problema,
         – o la sensibilidad si se trata de percibir,
         – o la movilidad si hay que realizar movimientos.
9. Sigue la ejecución: las distintas facultades actúan bajo la influencia de la voluntad.
10. Si todo va bien, se obtiene el bien inicialmente concebido disfrute

4. Naturaleza de la voluntad
– La teoría sensualista dice que no es otra cosa que un deseo sensible predominante.
– La teoría intelectualista dice que no existen más que ideas, pero:
         – ¿cómo explicar entonces la tensión que hay en la toma de una decisión?
         – las ideas más claras no implican actuar: “la visión sin acción es alucinación”.
– La teoría realista distingue el objeto y el sujeto de la voluntad.
   – el objeto es el bien captado por la inteligencia. Consecuencias:
         1. El mal nunca es captado por sí mismo (pero igual existe la maldad y no sólo el error: se puede querer un bien sabiendo que es desordenado).
         2. No se puede amar lo que no se conoce.
         3. La voluntad ama necesariamente al Bien Absoluto ( = voluntad como tendencia natural; voluntad como facultad libre).

         “Sólo ama los bienes particulares en virtud de este amor fundamental que la   lleva hacia el Bien, y los ama en 1a medida en que estos presentan un reflejo,
         una participación de este Bien, y pueden servir de medio para alcanzarlo”

         4. ¿Cuál es la realidad de ese bien? Hay dos caminos para precisar esto
             – La teología natural muestra que Dios contiene de un modo supereminente         todas las perfecciones que buscan las criaturas, y que nada es bueno sino por          participación en su bondad.
            – El análisis del querer y de su lógica interna muestra también que tiene a    Dios por fin último: el hombre busca naturalmente la felicidad, y sólo un bien      infinito puede colmar el corazón humano y saciar su inquietud.
         → el hombre es infinito en potencia... sólo el infinito en acto lo puede llenar.
         es un hecho que el hombre busca la felicidad y no la encuentra en este mundo

         5. Hay una “reflexión de la voluntad”: querer querer, o amar amar. Si uno no está amando, puede querer amar. Y cuando ama, no sólo ama a la realidad amada, sino que disfruta del acto (la posibilidad milagrosa) de amar.

         6. Relación entre la inteligencia y la voluntad.
         – la inteligencia es primera genéticamente, la voluntad es primera jerárquicamente
                   –  nadie ama lo que no conoce, pero amar es más rico que sólo conocer.
         – En relación con los objetos pueden darse tres casos:
                   – Si el objeto es ontológicamente inferior al alma, si es una cosa material, más vale conocerla que amarla, pues el conocimiento la eleva a nuestro nivel, mientras que el amor nos baja al suyo.
                   – Si el objeto es superior al alma, si se trata de Dios, muy especialmente, más vale entonces amarlo que conocerlo, pues el conocimiento lo rebaja a nuestro nivel, mientras que el amor nos eleva al suyo.
                   – Si el objeto es igual –es decir, el prójimo– el amor es superior, pues establece una unión efectiva con el prójimo. El amor supone el conocimiento y engendra un conocimiento más íntimo. Pero si hay que decidir si el amor vale más que el conocimiento, optamos por el amor, guiados por el segundo mandamiento del Evangelio.
        

         

1 comentario:

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