1. Existencia
Frente a varios determinismos (psicológico,
social, filosófico o teológico) la experiencia humana universal muestra la
existencia de la liberad. Si así no fuera, no tendrían sentido los consejos,
las invitaciones, los preceptos, las prohibiciones, los premios o los castigos… No existirían los juicios ni las cárceles, ni se darían premios Nobel, etc.
2. Distinciones
2.1. Libertad exterior e interior
La libertad
exterior consiste en no estar limitado por algún elemento para el ejercicio de la libertad. Esta libertad
puede ser física (limitada por una pared), civil (limitada por unas leyes),
política (limitada por una dictadura) o moral (limitada por obligaciones
éticas).
La libertad
interior es la esencia del acto
voluntario. La voluntad se determina a sí misma en la elección (sin que algo
necesario le imponga el acto).
2.2. Libertad de ejercicio y de especificación.
A su vez, la
libertad interior tiene dos niveles. La libertad de ejercicio consiste en
decidir actuar o no actuar. Y la libertad de especificación consiste ‒en el
caso de decidir actuar‒ en hacer esto o aquello.
3. Esencia
La esencia de la libertad no consiste,
como se piensa comúnmente, en poder elegir entre el bien y el mal. La
consecuencia inmediata de esto es que Dios no sería libre, pues no puede elegir
el mal.[1]
La esencia de la
libertad es el dominio de la voluntad sobre su propio acto. O, dicho de modo
más existencial: ser libre es no ser esclavo.
E implica un juego
dinámico entre la inteligencia y la voluntad: con la inteligencia discierno
posibilidades, y con la voluntad elijo tal posibilidad entre las varias
posibles.
Con esto también
vemos que el crecimiento en libertad puede ser en dos planos: una inteligencia
más lúcida (por no estar condicionada por vicios o deseos caprichosos) podrá
ver mejor y, quizás, más
posibilidades. Y una voluntad más fuerte podrá encarar
caminos más difíciles (que una voluntad más débil no podría transitar, aunque
la inteligencia lo viera).
4. Consecuencias en
el ejercicio de la libertad
1. El hombre como “padre de sus actos”: pues los genera.
2. El hombre como “hijo de sus actos”: pues se modela a sí
mismo con sus decisiones. Quien decide mentir, no sólo produce frases falsas
sino que se aleja de la Luz de la Verdad y se va oscureciendo. Quien decide
hacer el bien, se acerca a la Bondad Suprema y se hace más bueno en sí mismo.
5. Equilibrios
No existe una
libertad infinita, pues el hombre mismo no es infinito. Pero el hombre tiene
condicionamientos.
Algunos están en su
persona; y aquí algunos condicionamientos son positivos (cada uno tiene ciertas
cualidades), algunas son carencias (pero nadie tiene todas las cualidades) y
otros son condicionamientos negativos (defectos y limitaciones varios).
Otros
condicionamientos están en el ambiente y también puede hacerse con ellos
distinciones parecidas a las tres anteriores. Estos condicionamientos son de
tipo cultural (el idioma que hablamos; el idioma que no hablamos; los vicios
sociales); económico, político, etc.
Entonces, entre la
libertad infinita y el determinismo absoluto encontramos una libertad
condicionada, que no deja de ser esencialmente libertad.
6. Libertad y deseo
de felicidad
El hombre desea la
felicidad. Y si pudiera contemplar en sí mismo a Aquello que le infundiera la experiencia de felicidad, no podría
menos que adherir a Eso con todo su
ser, pues no hay nada más atractivo. Pero como el hombre no lo percibe
directamente, y para encontrar ese atractivo debe meditar en Eso, entonces el hombre puede ser
atraído por muchas cosas más atractivas que pensar
en Dios.
[1]
Dios no puede hacer ciertas cosas. Y aquí hay un “espejismo gramatical”: en el nivel del lenguaje componemos frases
con el verbo “poder” para expresar lo que en
el nivel de la realidad son
situaciones de debilidad, como “poder enfermarse” o “poder morir”. Dios no
puede esto, porque es Omnipotente y esa Omnipotencia
excluye toda debilidad: enfermarse,
morir, cansarse (que son debilidades físicas) y también mentir, traicionar (que
son debilidades éticas).
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