sábado, 21 de octubre de 2017

Unidad 9. La libertad

1. Existencia

   Frente a varios determinismos (psicológico, social, filosófico o teológico) la experiencia humana universal muestra la existencia de la liberad. Si así no fuera, no tendrían sentido los consejos, las invitaciones, los preceptos, las prohibiciones, los premios o los castigos… No existirían los juicios ni las cárceles, ni se darían premios Nobel, etc.


2. Distinciones

2.1. Libertad exterior e interior

   La libertad exterior consiste en no estar limitado por algún elemento para el ejercicio de la libertad. Esta libertad puede ser física (limitada por una pared), civil (limitada por unas leyes), política (limitada por una dictadura) o moral (limitada por obligaciones éticas).
   La libertad interior es la esencia del acto voluntario. La voluntad se determina a sí misma en la elección (sin que algo necesario le imponga el acto).

2.2. Libertad de ejercicio y de especificación.

   A su vez, la libertad interior tiene dos niveles. La libertad de ejercicio consiste en decidir actuar o no actuar. Y la libertad de especificación consiste ‒en el caso de decidir actuar‒ en hacer esto o aquello.


3. Esencia

   La esencia de la libertad no consiste, como se piensa comúnmente, en poder elegir entre el bien y el mal. La consecuencia inmediata de esto es que Dios no sería libre, pues no puede elegir el mal.[1]
   La esencia de la libertad es el dominio de la voluntad sobre su propio acto. O, dicho de modo más existencial: ser libre es no ser esclavo.
   E implica un juego dinámico entre la inteligencia y la voluntad: con la inteligencia discierno posibilidades, y con la voluntad elijo tal posibilidad entre las varias posibles.
   Con esto también vemos que el crecimiento en libertad puede ser en dos planos: una inteligencia más lúcida (por no estar condicionada por vicios o deseos caprichosos) podrá ver mejor y, quizás, más

 posibilidades. Y una voluntad más fuerte podrá encarar caminos más difíciles (que una voluntad más débil no podría transitar, aunque la inteligencia lo viera).


4. Consecuencias en el ejercicio de la libertad

1. El hombre como “padre de sus actos”: pues los genera.
2. El hombre como “hijo de sus actos”: pues se modela a sí mismo con sus decisiones. Quien decide mentir, no sólo produce frases falsas sino que se aleja de la Luz de la Verdad y se va oscureciendo. Quien decide hacer el bien, se acerca a la Bondad Suprema y se hace más bueno en sí mismo.


5. Equilibrios

   No existe una libertad infinita, pues el hombre mismo no es infinito. Pero el hombre tiene condicionamientos.
   Algunos están en su persona; y aquí algunos condicionamientos son positivos (cada uno tiene ciertas cualidades), algunas son carencias (pero nadie tiene todas las cualidades) y otros son condicionamientos negativos (defectos y limitaciones varios).
   Otros condicionamientos están en el ambiente y también puede hacerse con ellos distinciones parecidas a las tres anteriores. Estos condicionamientos son de tipo cultural (el idioma que hablamos; el idioma que no hablamos; los vicios sociales); económico, político, etc.
   Entonces, entre la libertad infinita y el determinismo absoluto encontramos una libertad condicionada, que no deja de ser esencialmente libertad.


6. Libertad y deseo de felicidad

   El hombre desea la felicidad. Y si pudiera contemplar en sí mismo a Aquello que le infundiera la experiencia de felicidad, no podría menos que adherir a Eso con todo su ser, pues no hay nada más atractivo. Pero como el hombre no lo percibe directamente, y para encontrar ese atractivo debe meditar en Eso, entonces el hombre puede ser atraído por muchas cosas más atractivas que pensar en Dios.



[1] Dios no puede hacer ciertas cosas. Y aquí hay un “espejismo gramatical”: en el nivel del lenguaje componemos frases con el verbo “poder” para expresar lo que en el nivel de la realidad son situaciones de debilidad, como “poder enfermarse” o “poder morir”. Dios no puede esto, porque es Omnipotente y esa Omnipotencia excluye toda debilidad: enfermarse, morir, cansarse (que son debilidades físicas) y también mentir, traicionar (que son debilidades éticas).

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