GUILGAMESH EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD
La Epopeya
de Guilgamesh es ciertamente la más famosa y la más popular de las
creaciones babilónicas. Su héroe, Guilgamesh, rey de Urufe, era célebre ya en
la época arcaica; se ha encontrado la versión sumeria de numerosos episodios de
su vida legendaria. Pero, a pesar de sus antecedentes, la Epopeya de
Guilgamesh es obra del genio semítico. Fue precisamente el acádico el
idioma en que se compuso, a partir de diversos episodios aislados, una de las
más conmovedoras historias sobre la búsqueda de la inmortalidad o, más
exactamente, del fracaso final de una empresa que parecía tener todas las
probabilidades de alcanzar el éxito. Esta saga, que se inicia con el
relato de los excesos eróticos de un héroe que a la vez es un tirano, revela en
última instancia la impotencia de las virtudes puramente «heroicas» para
trascender radicalmente la condición humana. Sin embargo, Guilgamesh era de
naturaleza divina en sus dos tercios, hijo de la diosa Ninsun y de un mortal.
El texto empieza por exaltar su omnisciencia y las grandiosas construcciones
que había emprendido. Pero
