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jueves, 5 de septiembre de 2019

U4.2. Ciencia y filosofía - Los tres grados de abstracción


Ciencia: es un modo de conocimiento que aspira a formular mediante lenguajes rigurosos y apropiados —en lo posible, con auxilio del lenguaje matemático— leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos. Estas leyes son de diversos órdenes. Todas tienen, empero, varios elementos en común: ser capaces de describir series de fenómenos; ser comprobables por medio de la observación de los hechos y de la experimentación; ser capaces de predecir —ya sea mediante predicción completa, ya mediante predicción estadística— acontecimientos futuros.

Filosofía: Conjunto de reflexiones sobre la esencia y las propiedades, las causas y los efectos, el sentido y el valor de las cosas naturales, especialmente sobre el hombre, el universo y Dios. Apunta a las preguntas últimas sobre el ser, el sentido y el valor.


Los tres grados de abstracción


0. La realidad concreta: este árbol, con estas ramas, hojas, raíces y frutos.
1. El ser concreto en general: los vegetales; el tallo; la hoja; la raíz; la flor; el fruto.
2. Las matemáticas: la unidad, la decena, un metro, un kilo…
3. La metafísica: el ser, la causa, el efecto, la sustancia y los “accidentes” (o características), etc.

miércoles, 31 de julio de 2019

5.2. Un ensayo de pensamiento en clave relacional - con resaltados (versión 2019)


Un ensayo de pensamiento en clave relacional


                                                                                                     Por lo tanto ¡la verdad es una relación!
                                                                                                                                                             Papa Francisco


                No he comenzado a pensar en la Unidad cuando ya la Trinidad me rodea con su fulgor.
                 No he comenzado a pensar en la Trinidad cuando ya la Unidad me arrebata de nuevo...”
                                                                                                                                             San Gregorio de Nacianzo


   En 1960 Karl Rahner escribió un artículo titulado “Advertencias sobre el tratado De Trinitate” que causó gran conmoción, pues denunciaba que:
   “...los cristianos, a pesar de que hacen profesión de fe ortodoxa en la Trinidad, en la realización religiosa de su existencia son casi exclusivamente «monoteístas». Podemos, por tanto, aventurar la conjetura de que si tuviéramos que eliminar un día la doctrina de la Trinidad por haber descubierto que era falsa, la mayor parte de la literatura religiosa quedaría casi inalterada”.[1]
   En este contexto, Rahner propone su famoso “axioma fundamental”, que tenía como intención subsanar esta incoherencia, insertando el misterio de la Trinidad de modo realmente existencial en la fe y en la vida cristianas. Y –más allá de las críticas que ha recibido la formulación de ese axioma fundamental sus comentaristas y críticos coinciden en reconocerle a Rahner el mérito de haber llamado la atención sobre esta gravísima carencia.[2]
    Ya han pasado más de 50 años desde aquel artículo de Rahner y, si bien “la teología católica de la Trinidad conoce una renovación en nuestro tiempo”, después de “muchos años, casi siglos” en que “la doctrina de la Trinidad no tenía en la teología el papel central que le corresponde”;[3] no obstante, todavía queda mucho por avanzar en la conciencia y en la vivencia del misterio de la Trinidad divina y de todas sus consecuencias para la vida concreta, incluido el ámbito del pensar y del saber.
   A la luz de lo dicho, este artículo no es otra cosa que una serie de variaciones sobre un tema principal: la comunión es unidad en la diversidad. Y la finalidad es –simplemente– sensibilizar al lector sobre este tema, y estimular su pensamiento y su creatividad en relación con él.
   Dudé en poner algunas ideas, que finalmente propongo en el texto, aunque están “a medio pensar”. Lo que me motivó a ello, fue que este mismo artículo muestra que siempre estamos en camino; o, como decía Borges: “no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”.[4] Y, quizás, si Borges hubiera tenido la oportunidad de ver un mayor pluralismo en teología, hubiera dejado sólo la última opción.
   En este artículo comienzo presentando brevemente el “modelo de comunión” en su fuente viva y suprema: la Trinidad divina. Luego expongo algunas de las repercusiones que este modelo de comunión tiene para el hombre y la sociedad, proponiendo que el ser humano es “sujeto relacional”, creado a imagen de las Personas Divinas, cada una de las cuales es “relación subsistente”. Y arriesgo que –quizás– este mismo concepto de relación subsistente pueda ser aplicado al ser humano. Y finalmente hago algunas sugerencias respecto de cómo se puede aplicar este modelo de comunión al ámbito del pensar, del saber y de las ciencias.
   En ese contexto analizaremos el “corrimiento” hacia un nuevo equilibrio, que el Papa Francisco propone –también– para el tema de la verdad.


1. Reflexión sobre la Comunión Trinitaria.

   A los seres humanos, a veces, nos cuesta compartir. Y la experiencia nos demuestra que vivir encerrados en nosotros mismos –sin compartir nuestra vida y nuestros bienes– nos conduce a un

viernes, 14 de septiembre de 2018

Unidad 6 - El hombre como ser religioso


   La religión es un encuentro interpersonal con un Dios personal, encuentro que cambia la vida de la persona y de la comunidad.

   Hay distintos tipos de conocimiento: pre-científico, científico (o experimental) y experiencial. Y la religión se da en el plano del conocimiento experiencial.

   Y el verdadero encuentro con Dios tiene consecuencias benéficas para la persona y la comunidad.

   El “deseo de Dios” que está en el interior del hombre (y que vimos en la Cuestión 1), se transforma en “religión” cuando el conocimiento y encuentro con Dios es compartido por una comunidad humana, estructurándose con una doctrina, culto, moral, etc.

   Una definición de religión (desde un punto de vista filosófico-teológico): “orientación dinámica hacia Dios” en cuanto Dios es Creador y Señor de todas las cosas (incluido yo).
            -nace de la experiencia de asombro ante las cosas, que son pero podrían no ser.
            -implica conciencia de la Bondad de Dios y de la finitud de la creatura.

   Una descripción de la religión (desde el punto de vista de la historia de las religiones): la religión aparece como la relación del hombre, en un ámbito de realidad que no es el común (o profano), sino que es distinto, superior (sagrado), con un Dios que tiene carácter personal.
            -relación con un “Tú” que tiene conciencia y libertad; nace la oración...
            -ámbito de misterio; ruptura de nivel con lo cotidiano, concretada en el edificio-templo, etc.
            -Ser Supremo tanto en su ser como en su valor: Bien Supremo (alabanza, alegría, paz... salvación)
            -al mismo tiempo, se da la experiencia de pequeñez e indignidad del hombre.
            - y aparece la conciencia de pecado...

   Hay experiencias humanas que nos dejan en el umbral del planteo religioso. Son “manifestaciones del Misterio”, en las cuales lo divino se insinúa mediante lo creado, por ejemplo:
                        - las maravillas de la creación, que superan el conocimiento del hombre.
                        - los procesos generativos (el nacimiento de un hijo) y también la virginidad.
                        - la experiencia humana de finitud (saberse creado; la enfermedad, la muerte).
- el carácter simbólico de las cosas, sobre todo de las más elementales: agua, luz, tinieblas, etc.

jueves, 10 de mayo de 2018

Artículo de A. López Quintás: EL CARÁCTER RELACIONAL DE LA CREATIVIDAD HUMANA


RESUMEN

El presente artículo explora de forma sistemática los elementos concernientes al proceso y al carácter relacional de la creatividad humana a través de sus diferentes campos, y a la vez explica los vínculos generados entre la obra, el creador y el entorno. Dichos nexos son como medios garantes de la armonía estética en la preservación de la vida, frente al egoísmo y la barbarie. Es por este motivo que se analizan aspectos sobre el carácter relacional de la condición humana y la infinidad de espectros que esta asimila y recrea desde lo más hondo de su raíz por cuanto es “un ser de encuentro”. El artículo enfatiza la necesidad de fundar una unidad entre el hombre y su entorno, unidad que es básica para una auténtica cultura. La obra de arte y toda creación humana deben expresar relación y proporción, y en ese sentido manifestarán y anunciarán el triunfo de la vida.


INTRODUCCIÓN

A los siete años de terminar la Segunda Guerra Mundial visité Alemania por primera vez. Al bajar del tren en Colonia, pude ver la inmensa mole de la catedral gótica presidiendo, como una vieja dama enlutada, un mundo en ruinas. Y pensé cómo se explica que la Europa de la gran cultura se haya desgarrado tan ferozmente a sí misma. Ésa era la Europa de Bach y Beethoven, de Miguel Ángel y Rafael. ¿No se había dicho siempre que la cultura eleva nuestro espíritu, nos forma, nos hace crecer como personas?

Ante un espectáculo semejante, producido por la primera hecatombe mundial, un genial maestro de escuela austríaco, Ferdinand Ebner, nos hizo ver, en 1921, que la causa del desmoronamiento de la culta Europa había sido convertir la “vida cultural” en un mero “soñar con el espíritu”.[1]

La verdadera cultura implica creación de vínculos, fundación de unidad entre el hombre y su entorno. Soñar con el espíritu es poner en juego nuestras potencias espirituales para conseguir dos metas muy atractivas: realizar experiencias conmovedoras por su belleza y acrecentar el conocimiento a fin de adquirir un inmenso poderío sobre la realidad. Pero todo ello sin comprometer nuestra persona con la de los demás. En su obra clave: La palabra y las realidades espirituales –origen y fuente de buena parte de la Antropología filosófica contemporánea–, Ebner destacó que la vida espiritual auténtica comienza cuando se pronuncia la palabra recta, y esta palabra es la que pronuncia el amor y sirve de vehículo al encuentro humano en todos los órdenes.[2]

Debemos recordar que la cultura es esencial a la vida del hombre, porque éste no vive empastado en el entorno, ya que a cada estímulo puede dar diversas respuestas. Ese distanciamiento le permite y le exige crear con las realidades del entorno diversos modos de unidad y de relación. Todo el universo se asienta en relaciones y vive, por tanto, en unidad.

Sólo el ser humano debe, además de mantenerse en unidad con el entorno, crear modos nuevos de unidad. Esa actividad creadora es el origen de la cultura auténtica. Si nos damos cuenta de todo esto y sacamos las consecuencias pertinentes –pensaba Ebner–, suscitaremos una “revolución cultural” tan fecunda que dará lugar a una nueva forma de Humanismo, capaz de superar los mayores conflictos.[3]

La importancia decisiva de la categoría de relación

Vale la pena estudiar a fondo esta sugerencia de Ebner. Lo decisivo en la cultura no es producir obras de arte, de literatura, de ingeniería o de alta filosofía que nos permitan vivir experiencias de 

jueves, 8 de junio de 2017

Un ensayo de pensamiento en clave relacional

En el siguiente vínculo encontrarán el sitio de la revista Consonancias, del Instituto para la Integración del Saber, de la UCA.
El n° 45, de diciembre de 2013 tiene como título "Un ensayo de pensamiento en clave relacional". Sobre este texto hay que preparar el trabajo práctico que constará de un resumen del contenido del artículo y, como siempre, de un comentario personal final.
Fecha límite de entrega: 15 de septiembre.
Se puede enviar por email a jorgefazzari@yahoo.com.ar como archivo Word o PDF, indicando en el nombre del archivo: el nombre del alumno y la asignatura que cursa.

CONSONANCIAS